Kofi tenía doce años y vivía cerca de una playa donde las tortugas marinas ponían sus huevos cada junio. Este año un hotel nuevo mantenía las luces encendidas toda la noche. Cuando las crías salían de la arena, caminaban hacia las luces, no hacia el mar.
Kofi y sus amigos llevaron las crías al agua por la noche. Reunieron firmas y escribieron una carta al gerente del hotel. Una noche el gerente fue a la playa. Vio que las crías caminaban en la dirección equivocada. «Apagaré las luces de nueve a seis durante la temporada de las tortugas», dijo.
La noche siguiente, cientos de tortuguitas caminaron hacia el agua iluminada por la luna.