Cada viernes, las tiendas del centro cierran. Entonces la plaza cambia. Llegan los puestos y hay luces en la calle. También hay olor a pan caliente.
Para la gente del barrio, el mercado es un plan corto. Dura solo cinco horas. A medianoche, ya no queda nada.
Los vendedores dicen que nadie tiene prisa. La gente habla mucho junto a los puestos. Un vecino habla quince minutos sobre el precio de un queso.