Marta trabajaba de noche en la torre de un pequeño aeropuerto. Una noche, una niebla espesa cubrió la pista. Todos los aviones estaban en tierra, menos uno. Un joven piloto llamado Ben volaba solo de noche por primera vez. No veía el aeropuerto y tenía combustible para solo veinticinco minutos.
«Estoy aquí, Ben», dijo Marta con voz tranquila. «Háblame de tu perro». El otro aeropuerto estaba demasiado lejos. Entonces tuvo una idea. Llamó a los bomberos y a los trabajadores. Enseguida once vehículos entraron en la pista y se pararon en dos largas filas con las luces encendidas.
«Ben, busca dos líneas de luces», dijo. «¡Las veo!», gritó él. «Despacio. Más despacio». Las ruedas tocaron el suelo y la avioneta se detuvo entre las luces.