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Perdidos en el viejo mercado

Lost in the Old Market

B2 · Upper intermediate · 2 min read

Yara, que tenía quince años, y su primo Adam, que tenía trece, pasaban el verano con su abuela. Una mañana ella le puso unas monedas en la mano a Yara y le dijo: «Id a comprarme azafrán al viejo mercado, por favor». Ninguno de los dos primos quería ser el primero en preguntar el camino, así que se separaron, cada uno convencido de que encontraría antes que el otro el puesto adecuado.

Fue un error. El viejo mercado era un laberinto de callejuelas estrechas, ruidoso por los vendedores que pregonaban sus precios y cargado de olores a comino, cuero y pan caliente. Había sacos de especias tan altos como niños y ollas de cobre colgadas como campanas. A los diez minutos, los dos primos estaban irremediablemente perdidos. Varios comerciantes se compadecieron de ellos, pero sus indicaciones eran más alegres que claras.

Por pura casualidad, Yara y Adam acabaron los dos en un diminuto puesto de té que llevaba una chica de su edad. Se llamaba Sara. Les sirvió té caliente y dulce, les dibujó un mapa en una servilleta y se negó a cobrarles. Llegaron a casa tarde, con el azafrán y una historia que contar. La abuela se rio hasta tener que secarse los ojos. «¡Yo fui al colegio con la abuela de Sara!», dijo.

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