Tomás tenía diez años y dijo: «El aire pesa». Su hermana mayor, Elisa, se rio. «¡El aire no es nada!», dijo. Así que Tomás puso un balón de fútbol deshinchado en la báscula de la cocina y apuntó el número. Luego infló el balón hasta que quedó duro y lo pesó otra vez. ¡Pesaba unos gramos más!
Elisa miró la báscula dos veces. Su padre explicó que el aire que nos rodea presiona sobre todo. Tomás se lo enseñó a la clase y ganó una cinta en la feria de ciencias. Elisa se convirtió en su ayudante. Se llamaba a sí misma «Jefa del Departamento del Aire».