Un pueblo pequeño tiene un coro de nueve cantantes. Cantan mal. El viejo director se va. Llega una nueva directora, la señora Ferro. Escribe en la pizarra: «Soy sorda. Tienen que mirarme». Los cantantes se quitan los zapatos. Sienten la música en el suelo. Miran sus manos. Tres semanas después, cuatrocientas personas vienen al concierto. Los cantantes empiezan juntos. Al final, todos aplauden. La señora Ferro ve muchas manos en el aire.
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La directora que no podía oír
The Conductor Who Could Not Hear
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Same story, a little harder.