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Nature

El cuervo y el paso de cebra

The Crow and the Crossing

C2 · Proficient · 2 min read

En una ciudad de tráfico sin fin vivía un cuervo con pasión por las nueces y sin medio alguno de abrirlas. Las cáscaras desafiaban su pico, y durante semanas merodeó por los aparcamientos, hambriento y cada vez más indignado, como un gourmet al que han dejado fuera de su propio restaurante. Entonces, una tarde, vio cómo un coche pasaba sobre una nuez caída, oyó un crujido seco y vio abrirse la cáscara como un veredicto. El cuervo, que nunca había asistido a una clase de física, captó el principio al instante.

A partir de entonces trabajó con la paciencia de un artesano. Llevaba una nuez al paso de cebra, la depositaba en el camino del tráfico y se retiraba al semáforo a esperar. Las ruedas hacían el trabajo pesado. Solo cuando el semáforo se ponía en rojo, los motores callaban y los peatones empezaban a desbordar el paso, descendía el cuervo, con la estudiada indiferencia de quien se limita a pasar por allí, y recogía su almuerzo entre los pies de los viandantes.

Un anciano llamado señor Sato, que daba de comer a los gorriones en el banco junto al paso, observaba esta rutina cada día y al principio se negaba a creerla. En pocas semanas se había vuelto cómplice, llevando nueces de casa y colocándolas con cuidado sobre el asfalto como quien pone la mesa. Años después el cuervo volvió al paso con dos polluelos, y la lección comenzó otra vez, con toda la ciudad como aula involuntaria.

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