Yusuf tenía once años cuando se mudó a un país nuevo con su madre. El primer día en la escuela entendía una palabra de cada diez. A la hora de comer quiso decir: «Tengo hambre». En cambio le dijo a la señora del comedor: «Soy un bocadillo». Ella le dio un pepinillo.
Cada tarde Yusuf aprendía cinco palabras nuevas. En clase se sentaba a su lado una niña llamada Mia. Hablaba muy deprisa, pero cuando él se perdía, hacía dibujos.
Después de dos meses cada niño tuvo que hablar un minuto. Yusuf dijo: «El primer día quise decir: tengo hambre. Dije: soy un bocadillo». Toda la clase se rio, y Yusuf vio que se reían con él. Fue su primer chiste en el idioma nuevo. A la hora de comer la señora del comedor le dio dos pepinillos.