Noa tenía una entrevista de trabajo a las diez. Llegó a las nueve y media. En el aparcamiento, un hombre estaba de rodillas junto a un coche con una rueda pinchada. «Soy un desastre con los coches», dijo.
El padre de Noa le había enseñado a cambiar una rueda. «Tengo una entrevista», dijo ella. Pero las tuercas estaban atascadas y tardó media hora. El hombre solo dijo: «Buena suerte».
A las diez y cinco entró con las manos negras. Tres personas estaban sentadas a una mesa, y una cuarta silla estaba vacía. Entonces se abrió la puerta. ¡Era el hombre del aparcamiento! «Perdonen el retraso», dijo. «Una desconocida me ayudó». Miró a Noa. «Llevo media hora entrevistándola. Me gustan sus manos». Consiguió el trabajo. Al día siguiente llegó una caja: «Para su próximo desconocido».