Termina el maratón de la ciudad. El ganador cruza la meta después de dos horas. La multitud se va a casa. A las siete de la tarde, Hana sigue corriendo. Tiene más de sesenta años. Corre por su marido. Él siempre decía: «Termina, sea cual sea el tiempo».
Un trabajador mayor deja puesta la cinta de meta. Unas pocas personas se colocan en los últimos cien metros con las luces de sus móviles. Hana cruza la meta en la oscuridad. Unas veinte personas aplauden. Ella dice: «Gracias por esperar».