Samuel Osei era conductor de autobús y tenía sesenta y un años. Conocía todas las calles, pero no sabía leer bien, y nadie conocía su secreto. Un día llegó una carta de su nieta Grace. Samuel no podía leerla. La metió en el bolsillo de la chaqueta y la llevó treinta y un días.
Entonces vio un cartel en la cochera de autobuses: «Clase de lectura por la tarde, los martes a las siete». Pasó tres veces con el autobús por delante de la escuela. Después entró. La maestra, la señora Lindqvist, dijo: «Aquí todos empezaron con la primera letra». Samuel se sentó al fondo y aprendió.
Después de cuatro meses sacó la carta y la leyó en voz alta: «Querido abuelo: Se me ha caído un diente. ¿Cuándo vienes? Un beso, Grace». La leyó tres veces. Luego cogió un bolígrafo y escribió su primera respuesta.