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Humor

El alcalde es un gato

The Mayor Is a Cat

B2 · Upper intermediate · 2 min read

En un pueblo pequeño, dos candidatos competían por la alcaldía, y entre los dos habían conseguido convertir toda la campaña en una única discusión interminable sobre el aparcamiento. Cada uno tenía un plan, cada plan era peor que el del otro, y los vecinos, que tenían que oírlos a diario, estaban agotados. Así que un grupo de adolescentes aburridos decidió animar un poco las cosas. Imprimieron carteles del señor Bigotes, el enorme gato naranja del panadero, y los clavaron en todas las paredes del pueblo. «Vota a Bigotes», decían. «No tiene opinión sobre el aparcamiento».

Era una broma, pero el día de las elecciones ocurrió algo raro. Cansados de los gritos, los vecinos entraron en el colegio electoral, miraron a los dos hombres serios de la lista y escribieron en silencio el nombre del gato. El señor Bigotes ganó por 212 votos. El ayuntamiento celebró una ceremonia solemne, en la que le entregaron al nuevo alcalde una diminuta banda. La aceptó bostezando.

Sus decisiones, como se vio después, las tomaba durmiendo sobre el documento que hubiera en la mesa. Las reuniones se trasladaron a la panadería, donde siempre había algo caliente para comer, y terminaban a las cinco en punto para que nadie se perdiera la cena. Se abrió un puesto de pescado en la plaza. Y las discusiones se fueron apagando, porque nadie ha conseguido jamás seguir enfadado con un gato que está sentado encima del orden del día.

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