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La noche de los cien hornos

The Night of a Hundred Ovens

B1 · Intermediate · 1 min read

Cada otoño el pueblo celebraba la Mesa Larga, una gran cena en la plaza, y Selma, la panadera, tenía que hornear trescientos panes para ella. Aquel año la masa de todos ellos ya estaba subiendo en su tienda cuando, a las seis de la tarde, su horno grande se rajó con un fuerte estallido.

Selma se sentó en un saco de harina. Su nieta Lotte, que tenía diez años, salió corriendo y tocó la campana de la escuela. Pronto llegaron los vecinos. «¿Quién tiene horno?», preguntó Selma. Todos tenían. Cortó la masa en trozos, y cada uno se llevó un cubo a casa.

Toda la noche el pueblo horneó. Había luces en todas las ventanas y el olor a pan caliente llenaba las calles. Los niños iban en bicicleta con panes envueltos en paños.

Al amanecer la Mesa Larga estaba cubierta de pan: hogazas redondas, hogazas largas, hogazas trenzadas, una con forma de corazón y otra un poco quemada. Selma probó un trozo. «Este no es mi pan», dijo. «No, abuela», dijo Lotte. «Es nuestro». Desde entonces la fiesta se llama la Noche de los Cien Hornos. Selma usa su horno rajado como maceta.

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