Pip era un cangrejo ermitaño joven, y su concha le quedaba pequeña. Se le salían las patas y no podía meter las pinzas. Una gaviota caminaba por las rocas, y Pip estaba lento y asustado.
En la arena encontró una concha grande y vacía. Era demasiado grande para él y no podía llevarla. Se quedó esperando a su lado. Entonces llegó una cangreja vieja y grande. Probó la concha, le gustó y salió de la suya.
Los cangrejos salieron de debajo de las piedras y formaron una fila, del más grande al más pequeño. Cada cangrejo se metió en la concha que dejaba el siguiente. Al final Pip encontró una concha que le quedaba perfecta. Se metió dentro. Ocho cangrejos tenían una casa nueva gracias a una sola concha vacía.