Tess compró una casa vieja con una puerta azul. Bajo una tabla del desván encontró una foto de once personas en los escalones de la entrada. Detrás decía: «Somos doce. Encuentra al duodécimo». Contó: once.
El señor Hale, del número nueve, la miró. «Son los Rowe», dijo. «Eran doce hijos. La pequeña Maud siempre se escondía de las cámaras». Tess miró de cerca. En la ventana de arriba había una cara pequeña y una mano en el cristal. En el desván, en el alféizar, alguien había grabado M.R.
Tess escribió una carta. Un mes después una anciana estaba delante de la casa. ¡Era Maud! Tocó las letras en el desván. Luego Tess hizo una foto nueva: once personas en los escalones y Maud en la ventana, saludando y riendo.