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Humor

Dos bolsas negras

Two Black Bags

C1 · Advanced · 2 min read

El sábado Leo llevaba una gran tarta de chocolate en una bolsa negra a la fiesta de los noventa años de su abuela Rosa, que empezaba a la una. En el mismo tranvía iba Hana, que toca la tuba en una orquesta. Su tuba iba en un estuche negro, y su concierto también empezaba a la una.

El tranvía iba lleno, y los dos hablaban por teléfono. Dejaron las bolsas en el portaequipajes, y al bajar cada uno cogió la equivocada.

A las doce y media Hana abrió su estuche entre bastidores y encontró una tarta y una tarjeta: «Para Rosa, 90 hoy. Llama a Leo». En ese mismo instante Leo abrió su bolsa delante de la puerta de su abuela, con veinte parientes esperando detrás, y encontró una tuba. Se llamaron. «¿Tienes mi tarta?». «¿Tienes mi tuba?». Quedaron en la fuente de la plaza vieja a la una menos diez.

Leo cruzó la ciudad corriendo con la tuba a la espalda, y un músico callejero le lanzó una moneda. Hana corrió con la tarta sostenida delante de ella como un bebé. Cambiaron las bolsas en la fuente, sin aliento, con la tarta un poco torcida. «Perdona por la nata», dijo Hana. «Perdona por la tuba», dijo Leo. «Soplé una vez. Sonó como una vaca triste».

A la una en punto Hana tocó su primera nota grave, y el director olfateó el aire. «¿Por qué huele a pastelería?». En la otra punta de la ciudad, Leo entró con la tarta y toda la familia cantó. «En noventa años», dijo Rosa, «nunca me había divertido tanto. El año que viene yo también quiero una tuba».

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